Escaneás el QR de la mesa, conversás con un mozo digital y hacés el pedido — en tu idioma, sin app, sin descargas. Diseñada para cafés de especialidad que cuidan la estética tanto como el café.
Un café de especialidad cuida cada detalle: el grano, la vajilla, la música, el diseño del local. Pero la carta suele ser un PDF plano o un menú impreso: muestra los precios y ya. No recomienda, no acompaña al cliente que duda, no habla el idioma del turista que entra buscando algo típico, no le sirve al cliente con dificultades visuales, y para el dueño es una pieza que hay que reimprimir cada vez que cambia algo.
La oportunidad estaba clara: la carta puede dejar de ser un catálogo y convertirse en un buen mozo — el que conoce la casa, sugiere y vende sin resultar invasivo.
¿Vas a acompañar el flat white con algo? Tenemos un cheesecake de frutos rojos que suele salir con este café.
Tomás es un asistente con personalidad amable, entrenado con la carta y las notas del café. Recomienda platos según los gustos y alergias que le cuenta el cliente, responde dudas sobre origen, ingredientes o intensidad del café, y sugiere acompañamientos que hacen sentido — nunca de forma invasiva. Es lo que hace que la carta deje de mostrar y empiece a vender.
El comensal escanea el QR de la mesa. Se abre la carta visual en el idioma de su celular, sin descargas ni cuentas.
El cliente conversa —por texto o por voz— con Tomás. Le pide sugerencias, pregunta por alérgenos, arma el pedido.
El pedido aterriza en la terminal del mozo con el número de mesa. El mozo también puede crear y editar desde ahí, incluso por voz.
Las sugerencias de acompañamiento son útiles, no agresivas: el cliente termina sumando productos que no pensaba pedir, sin sentir que le venden.
Detecta el idioma del celular del cliente. Un turista que habla inglés, portugués o ruso ve la carta y conversa con Tomás en su idioma.
Es la primera carta digital accesible que un café puede ofrecer: la conversación por voz habilita a personas no videntes a pedir con autonomía.
El dueño sube su carta en PDF, la IA extrae los platos, sube el logo y se generan los QR de las mesas. Se cambia un precio en segundos.
Carta IA convierte a la carta en lo que siempre debió ser: un buen mozo — el que conoce la casa, recomienda, habla el idioma del cliente y vende, sin pedir esfuerzo extra al equipo del café.